martes, 17 de abril de 2012

Vibraciones en el reino vegetal


Vibraciones en el reino vegetal

Se ha comprobado en diversas oportunidades que las plantas producen vibraciones, y esto tiene mucho que ver con aquellas que reciben y captan. Se pueden notar, según el caso, cambios en su comportamiento, así como lentitud o rapidez en su crecimiento. Pueden reconocer, luego de determinado tiempo, las voces de sus cuidadores, por lo tanto suelen sentirse abandonadas al no recibir estos estímulos, que ya se han hecho necesarios. Los cantos y voces melodiosas ayudan a su desarrollo, así como los ruidos estruendosos o demasiado fuertes las debilitan. Pueden, asimismo, reconocer la violencia a su alrededor y percibir un posible peligro de ser dañadas.
Para citar un ejemplo, tenemos a un experto en exámenes con polígrafo, llamado Cleve Backster que, en una oportunidad, jugando, conectó su galvanómetro con la planta de filodendro que había en su oficina. Para ver qué clase de reacción, si la había, podía registrar, decidió mojar las hojas en el café caliente que tenía en la mano. Como no hubo ninguna reacción, empezó a pensar en una amenaza más seria para la planta. En cuanto empezó a acercarle un fósforo a la hoja con intención de quemarla, el galvanómetro se volvió loco. Las reacciones que vio en su máquina esa noche derivaron en cientos de otros experimentos que sirvieron para probar en las plantas la "supuesta capacidad de pensar". Al parecer, las plantas, en general conectadas entre sí, monitorean los movimientos de los seres humanos y los animales en el medio ambiente hasta a nivel celular. Por ejemplo: en un experimento en el que un investigador destruyó a propósito una de dos plantas, la planta sobreviviente pudo identificar correctamente al culpable entre otras seis personas.
En los años 60, Marcel Vogue (químico, investigador), declaraba al respecto: "Es un hecho: el hombre puede comunicarse y se comunica efectivamente con la vida de las plantas. Las plantas son…instrumentos sumamente sensibles para medir las emociones humanas. Irradian fuerzas energéticas benéficas para el hombre.¡Podemos sentir esas fuerzas! Se alimentan en nuestro propio campo de fuerzas, que a su vez devuelve energía a la planta…los indios americanos eran perfectamente conscientes de estas facultades. Cuando les hacía falta, iban a los bosques. Con los brazos abiertos, apoyaban la espalda contra un pino para volver a llenarse de su poder."
Como ya se ha mencionado, las plantas de comportan de maneras diferentes según el sonido al cual se las exponga. Entre estos, una dedicación especial merece la música, la reina de los sonidos.
La música es un fenómeno vibratorio. Partículas de aire son puestas en movimiento y estas partículas de aire toman contacto con la materia y la ponen en movimiento. Esta es la llamada afinidad vibracional. Cuando las vibraciones de sonido afectan las ondas de aire, estas ondas afectan a otra materia con la que entran en contacto de una forma que mantiene la afinidad de la fuente original. Cuando la música es interpretada, las vibraciones de la música afectan toda la vida próxima. El efecto que la música tiene dependerá de la manera en la que las vibraciones de la música son armónicamente construidas. Uno de los factores que determina el efecto de la música es la particular escala musical desde la cual la melodía y las armonías son construidas. Diferentes escalas crean diferentes modos y emociones. Las escalas en las que la música está basada no son una creación arbitraria del hombre, ellas están formadas por patrones bien definidos que son intrínsecos a toda la naturaleza. 
El acorde básico de la música es llamado la tríada. Provee el apuntalamiento básico de la escala de siete notas: la escala de la octava. La tríada musical también corresponde a los tres colores primarios del espectro que puede ser visto cuando la luz es pasada a través de un prisma. Los mismos patrones que son las bases del sonido y la música son también las bases de toda la naturaleza. Cuando una tríada mayor es tocada y estás escuchándola, tu cuerpo, mente y sentimientos resuenan con esas tres notas, el acorde. Porque es el acorde básico de la armonía. La materia resuena armoniosamente, positivamente.
Cuando se usa el término positivo para describir música, estamos usándolo para describir música que tiene cualidades benéficas y es emocionalmente y espiritualmente elevadora, quizás hasta celestial. Adicionalmente, la música positiva puede ser relajante, calmante y mentalmente vigorizante. No tiene que ver con las letras, se trata de  la música en sí misma. 
Hay un acorde, llamado duocorde, que se opone a la tríada. Consiste en cuatro notas, y tiene un efecto negativo. Es música que estimula emociones negativas, como el odio, la frustración, la depresión o el miedo. El compositor clásico vienés Arnold Schonberg  fue la primera persona en crear abiertamente música negativa, en el siglo XX, para la cual empleaba intervalos y melodías disonantes. En un principio, su música provocaba que los oyentes se sintieran irritados e incómodos, provocando esto, muchas veces, manifestaciones. Sin embargo halló su lugar en una era de música negativa en la música clásica occidental que duró cerca de cincuenta años.  El paso siguiente en la "evolución" fue su introducción en la música de rock en los finales 1960, con el Hard Rock y el Heavy Metal. Aquello se convirtió en una cultura aceptada y de ahí emergieron otras formas como el Punk y el Grunge.
Si bien estos distintos estilos musicales provienen de una realidad interior, y expresión humana, que forman parte de una indiscutible existencia, habría que distinguir entre lo que consideramos nocivo para nuestros sentidos, y lo que hemos naturalizado como identificación de nuestras propias pasiones o tal vez desesperaciones. Los estilos o géneros musicales, se han estandarizado con determinadas características. No aparecen en la naturaleza como creaciones puras. Se debe considerar el talento musical junto con nuestros sentimientos evocados a partir de una interpretación. 
Continuando con las plantas, cabe comentar refiriéndonos a otros experimentos, que como conclusión se extrajo que aquellas que crecían con mayor rapidez y más fuertes, eran las expuestas a música clásica del norte de la India. Le seguían las expuestas al compositor clásico Bach, pero también a Menselssohn y a Beethoven. También se sintieron atraídas hacia el jazz, inclinándose hacia los parlantes cuando lo oían. Hacia la música Country y Western no sintieron demasiada afinidad, pero tampoco les fue perjudicial. Ante el ambiente silencioso tampoco experimentaron mayores cambios.
Para terminar, hacemos una mención a los sonidos y cantos que los budistas e hindúes consideraban como los necesarios para el avance espiritual y el progreso del universo. Estamos hablando de los Mantras.
Cuando hacemos Mantras, los sonidos que cantamos activan estas vibraciones que crean una cierta atmósfera de efectos. Al decir una palabra la cargamos de pensamiento y sentimiento; por ende, la palabra representa la manifestación física o material de nuestros pensamientos y nuestros sentimientos unificados en un acto y transmitidos al exterior. Decir una palabra produce una vibración física. Cada palabra hablada posee una amplitud y una frecuencia distintiva. Si a esta vibración física le añadimos la intención mental, esto a su vez le afectará y dará un propósito al resultado de enunciarla. La mente humana y la conciencia están en constante bombardeo de vibraciones físicas y sutiles que provienen del mismo organismo y de organismos a su alrededor. Los Mantras inician una vibración poderosa que corresponde con una frecuencia de energía espiritual y con un estado de conciencia muy particular. Con el tiempo el proceso del Mantra comienza a absorber todas las demás vibraciones y a calmar la fluctuación al nivel de la conciencia. En la recitación de Mantras entonamos nuestras energías a la energía vibratoria de las palabras recitadas.
Y así, reinos vivientes confluyen en una ola de energía que va transitando y se va transmitiendo. Lo que no se puede, es dejar de transmitir esa energía, así como no se puede dejar de estar en movimiento o detener el curso del universo. El alrededor de nuestros cuerpos, recibe y emana también su propia energía. Así como las plantas y el ser humano se relacionan a un nivel constante, aunque a veces imperceptible.




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