Vibraciones en
el reino vegetal
Se ha comprobado
en diversas oportunidades que las plantas producen vibraciones, y esto tiene
mucho que ver con aquellas que reciben y captan. Se pueden notar, según el
caso, cambios en su comportamiento, así como lentitud o rapidez en su
crecimiento. Pueden reconocer, luego de determinado tiempo, las voces de sus
cuidadores, por lo tanto suelen sentirse abandonadas al no recibir estos
estímulos, que ya se han hecho necesarios. Los cantos y voces melodiosas ayudan
a su desarrollo, así como los ruidos estruendosos o demasiado fuertes las
debilitan. Pueden, asimismo, reconocer la violencia a su alrededor y percibir
un posible peligro de ser dañadas.
Para citar un
ejemplo, tenemos a un experto en exámenes con polígrafo, llamado Cleve Backster
que, en una oportunidad, jugando, conectó su galvanómetro con la planta de
filodendro que había en su oficina. Para ver qué clase de
reacción, si la había, podía registrar, decidió mojar las hojas en el café
caliente que tenía en la mano. Como no hubo ninguna reacción, empezó a pensar
en una amenaza más seria para la planta. En cuanto empezó a acercarle un
fósforo a la hoja con intención de quemarla, el galvanómetro se volvió loco.
Las reacciones que vio en su máquina esa noche derivaron en cientos de otros
experimentos que sirvieron para probar en las plantas la "supuesta
capacidad de pensar". Al parecer, las plantas, en general conectadas entre
sí, monitorean los movimientos de los seres humanos y los animales en el medio
ambiente hasta a nivel celular. Por ejemplo: en un experimento en el que un
investigador destruyó a propósito una de dos plantas, la planta sobreviviente
pudo identificar correctamente al culpable entre otras seis personas.
En los años 60, Marcel Vogue
(químico, investigador), declaraba al respecto: "Es un hecho: el
hombre puede comunicarse y se comunica efectivamente con la vida de las
plantas. Las plantas son…instrumentos sumamente sensibles para medir las
emociones humanas. Irradian fuerzas energéticas benéficas para el
hombre.¡Podemos sentir esas fuerzas! Se alimentan en nuestro propio campo de
fuerzas, que a su vez devuelve energía a la planta…los indios americanos eran
perfectamente conscientes de estas facultades. Cuando les hacía falta, iban a
los bosques. Con los brazos abiertos, apoyaban la espalda contra un pino para
volver a llenarse de su poder."
Como
ya se ha mencionado, las plantas de comportan de maneras diferentes según el
sonido al cual se las exponga. Entre estos, una dedicación especial merece la
música, la reina de los sonidos.
La
música es un fenómeno vibratorio. Partículas de aire son puestas en movimiento
y estas partículas de aire toman contacto con la materia y la ponen en
movimiento. Esta es la llamada afinidad vibracional. Cuando las vibraciones de
sonido afectan las ondas de aire, estas ondas afectan a otra materia con la que
entran en contacto de una forma que mantiene la afinidad de la fuente original.
Cuando la música es interpretada, las vibraciones de la música afectan toda la
vida próxima. El efecto que la música tiene dependerá de la manera en la que
las vibraciones de la música son armónicamente construidas. Uno de los factores
que determina el efecto de la música es la particular escala musical desde la
cual la melodía y las armonías son construidas. Diferentes escalas crean
diferentes modos y emociones. Las escalas en las que la música está basada no
son una creación arbitraria del hombre, ellas están formadas por patrones bien
definidos que son intrínsecos a toda la naturaleza.
El
acorde básico de la música es llamado la tríada. Provee el apuntalamiento
básico de la escala de siete notas: la escala de la octava. La tríada
musical también corresponde a los tres colores primarios del espectro que puede
ser visto cuando la luz es pasada a través de un prisma. Los mismos patrones
que son las bases del sonido y la música son también las bases de toda la
naturaleza. Cuando una tríada mayor es tocada y estás escuchándola, tu cuerpo,
mente y sentimientos resuenan con esas tres notas, el acorde. Porque es el
acorde básico de la armonía. La materia resuena armoniosamente, positivamente.
Cuando
se usa el término positivo para describir música, estamos usándolo para
describir música que tiene cualidades benéficas y es emocionalmente y espiritualmente
elevadora, quizás hasta celestial. Adicionalmente, la música positiva puede ser
relajante, calmante y mentalmente vigorizante. No tiene que ver con las letras,
se trata de la música en sí misma.
Hay
un acorde, llamado duocorde, que se opone a la tríada. Consiste en cuatro
notas, y tiene un efecto negativo. Es música que estimula emociones negativas,
como el odio, la frustración, la depresión o el miedo. El compositor clásico
vienés Arnold Schonberg fue la primera
persona en crear abiertamente música negativa, en el siglo XX, para la cual
empleaba intervalos y melodías disonantes. En un principio, su música provocaba
que los oyentes se sintieran irritados e incómodos, provocando esto, muchas
veces, manifestaciones. Sin embargo halló su lugar en una era de música
negativa en la música clásica occidental que duró cerca de cincuenta años. El paso siguiente en la
"evolución" fue su introducción en la música de rock en los finales
1960, con el Hard Rock y el Heavy Metal. Aquello se convirtió en una cultura
aceptada y de ahí emergieron otras formas como el Punk y el Grunge.
Si
bien estos distintos estilos musicales provienen de una realidad interior, y
expresión humana, que forman parte de una indiscutible existencia, habría que
distinguir entre lo que consideramos nocivo para nuestros sentidos, y lo que
hemos naturalizado como identificación de nuestras propias pasiones o tal vez
desesperaciones. Los estilos o géneros musicales, se han estandarizado con
determinadas características. No aparecen en la naturaleza como creaciones
puras. Se debe considerar el talento musical junto con nuestros sentimientos
evocados a partir de una interpretación.
Continuando
con las plantas, cabe comentar refiriéndonos a otros experimentos, que como
conclusión se extrajo que aquellas que crecían con mayor rapidez y más fuertes,
eran las expuestas a música clásica del norte de la India. Le seguían las
expuestas al compositor clásico Bach, pero también a Menselssohn y a Beethoven.
También se sintieron atraídas hacia el jazz, inclinándose hacia los parlantes
cuando lo oían. Hacia la música Country y Western no sintieron demasiada
afinidad, pero tampoco les fue perjudicial. Ante el ambiente silencioso tampoco
experimentaron mayores cambios.
Para
terminar, hacemos una mención a los sonidos y cantos que los budistas e hindúes
consideraban como los necesarios para el avance espiritual y el progreso del
universo. Estamos hablando de los Mantras.
Cuando
hacemos Mantras, los sonidos que cantamos activan estas vibraciones que crean
una cierta atmósfera de efectos. Al decir una palabra la cargamos de
pensamiento y sentimiento; por ende, la palabra representa la manifestación
física o material de nuestros pensamientos y nuestros sentimientos unificados
en un acto y transmitidos al exterior. Decir una palabra produce una vibración
física. Cada palabra hablada posee una amplitud y una frecuencia distintiva. Si
a esta vibración física le añadimos la intención mental, esto a su vez le
afectará y dará un propósito al resultado de enunciarla. La mente humana y la
conciencia están en constante bombardeo de vibraciones físicas y sutiles que
provienen del mismo organismo y de organismos a su alrededor. Los Mantras
inician una vibración poderosa que corresponde con una frecuencia de energía espiritual
y con un estado de conciencia muy particular. Con el tiempo el proceso del
Mantra comienza a absorber todas las demás vibraciones y a calmar la
fluctuación al nivel de la conciencia. En la recitación de Mantras entonamos
nuestras energías a la energía vibratoria de las palabras recitadas.
Y
así, reinos vivientes confluyen en una ola de energía que va transitando y se
va transmitiendo. Lo que no se puede, es dejar de transmitir esa energía, así
como no se puede dejar de estar en movimiento o detener el curso del universo.
El alrededor de nuestros cuerpos, recibe y emana también su propia energía. Así
como las plantas y el ser humano se relacionan a un nivel constante, aunque a
veces imperceptible.

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